Un río, tres países, cuatro juegos de reglas para cuidar los peces

El río Uruguay nace en la meseta brasileña y desemboca en el Río de la Plata tras atravesar Brasil, Argentina y Uruguay. El agua no se detiene ante las fronteras. Los peces tampoco. Pero las reglas que gobiernan este río están cortadas con precisión por límites nacionales y provinciales. En octubre de 2026, en Concordia, una reunión volvió a exponer ese laberinto estructural: un mismo río, una misma población de peces, interpretada por cuatro sistemas legales distintos.
INFORME ESPECIAL
peces compartidos, jurisdicciones separadas
El río Uruguay nace en la sierra del mar, en el sur de Brasil, de la confluencia de los ríos Canoas y Pelotas. Desde allí forma la frontera entre Brasil y Argentina, luego entre Argentina y Uruguay, y finalmente desemboca en el Río de la Plata, en Punta Gorda. En su recorrido atraviesa los estados brasileños de Santa Catarina y Rio Grande do Sul, las provincias argentinas de Misiones, Corrientes y Entre Ríos, y los departamentos uruguayos de Artigas, Salto y Paysandú.
El tramo brasileño del Uruguay está en la cuenca alta, y cubre precisamente las zonas de desove de especies clave como el sábalo. Allí el Gobierno Federal mantiene una veda anual del 1 de octubre al 31 de enero, con permiso exclusivo para caña y embarcaciones sin motor (Instrucción Normativa IBAMA Nº 193). Esa ventana de veda coincide casi exactamente con la veda total que Misiones aplica en su tramo del río Uruguay: del 1 de octubre al 31 de enero.

Las decisiones de la cuenca alta de Brasil, repercute en pescadores de Argentina y Uruguay
No es casualidad. Los informes técnicos de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) señalan que la población de sábalo es un recurso compartido a lo largo de todo el río. Las medidas de veda en la zona de cría —tanto en Brasil como en Misiones— no solo benefician a la pesca de ese tramo, sino que inciden directamente en la pesquería artesanal uruguaya y en la pesca de subsistencia del tramo medio argentino. Dicho de otro modo: lo que Brasil decide en la cuenca alta repercute a cientos de kilómetros de distancia, en pescadores de Argentina y Uruguay.
Pero entre los tres países no existe un acuerdo unificado de gestión pesquera. Brasil ejecuta una instrucción federal; las provincias argentinas actúan por su cuenta; Uruguay define su política a través del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA). La coordinación trinacional en el marco de la CARU se limita al tramo compartido entre Argentina y Uruguay. La gestión del tramo Brasil-Argentina depende de negociaciones bilaterales y, en la práctica, de la buena voluntad de cada jurisdicción.

El lado argentino: tres provincias, tres lógicas
Dentro de Argentina, el río Uruguay recorre las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Las tres gestionan el mismo río con criterios que difícilmente podrían ser más distintos.
Misiones eligió el camino más severo. Desde el 1 de octubre de 2026 rige una veda total de pesca en su tramo del río Uruguay, por Resolución Nº 364/2026 del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables. La veda se extiende hasta el 31 de enero de 2027, cuatro meses completos. Durante ese período solo se permite la pesca de subsistencia para quienes tengan autorización vigente, los lunes, miércoles y viernes, con los elementos habilitados en cada permiso. Las capturas son para consumo personal o familiar. El dorado, el surubí, el pirá-pará y el manguruyú tienen prohibición absoluta de captura, incluso para la pesca de subsistencia. La veda misionera se articula, así, con la veda brasileña de la cuenca alta, cubriendo el ciclo reproductivo clave.
Corrientes optó por otra vía. No tiene una veda general de meses enteros. Se maneja con permisos diarios de pesca deportiva y comercial, medidas mínimas y máximas de devolución, y vedas específicas por especie fijadas por la CARU. La más conocida es la del dorado —del 1 de septiembre al 31 de diciembre—, establecida por la Resolución Nº 111/23 de la CARU para el tramo compartido entre Argentina y Uruguay. También rigen tallas mínimas: 65 cm para el dorado, 85 cm para el surubí, 34 cm para el sábalo, 27 cm para la boga. Y hay una lista de artes prohibidas: explosivos, sustancias tóxicas, redes de tres paños. Los controles se concentran en Monte Caseros, Paso de los Libres y Santo Tomé, donde Prefectura e inspectores de recursos naturales verifican licencias.
Entre Ríos eligió la vía pragmática. En marzo de 2026, la Dirección de Recursos Naturales y Fiscalización, mediante Resolución Nº 86, eliminó los cupos máximos de captura comercial de sábalo y otras especies de línea, que hasta entonces limitaban a 5.000 kilos mensuales por empresa. La nueva norma habilitó la captura "sin límite" hasta el 30 de abril. En mayo, la provincia extendió la medida hasta el 30 de septiembre, permitiendo a frigoríficos y acopiadores autorizados transportar y comercializar hasta 35.000 kilos mensuales de sábalo y especies de línea. El argumento oficial: "la baja producción de la pesca continental genera una situación de apremio para frigoríficos y acopiadores de la provincia". La decisión contrasta abiertamente con la veda total de Misiones: en el mismo río, aguas arriba se protege la reproducción, aguas abajo se libera la pesca comercial.

La reunión de Concordia: consenso sobre el control, silencio sobre las reglas
A fines de septiembre de 2026, el director de Recursos Naturales y Fiscalización de Entre Ríos, Mario Zárate, se reunió en Concordia con el presidente de la Asociación de las Guías de Pesca Bajo Río Uruguay, Germán Vázquez, y la senadora provincial Gloria Cozzi. El eje del encuentro fue la coordinación del control: cómo aumentar la presencia sobre el agua, cómo articular con Prefectura Naval, cómo mover la barrera de la costa al río.
Zárate fue directo: "Controlar desde la costa no tiene sentido, el pez ya está muerto cuando llega ahí". Su lógica es clara: si solo se revisa en el muelle y en la orilla, la captura ya se completó, el pez ya está embarcado, y lo único que se intercepta es el transporte. El control efectivo tiene que ocurrir cuando el pez todavía está en el agua.
Criterios distintos con miradas cortas
Pero la reunión se limitó a la técnica de fiscalización. No tocó el problema de fondo: la falta de coordinación de las reglas mismas. Entre Ríos ejecuta la veda del dorado de la CARU (septiembre a diciembre) mientras libera cupos de pesca comercial de sábalo. Misiones ejecuta una veda total, pero solo dentro de su jurisdicción. Corrientes aplica las vedas de la CARU, pero carece de una veda mensual unificada. Brasil veda en la cuenca alta, pero las provincias argentinas aguas abajo deciden por sí mismas si acompañan o no.
El sábalo no respeta fronteras provinciales. Un sábalo que nace en la zona de cría brasileña y baja por el río recibe protección total al entrar en aguas misioneras, pasa luego a un régimen de tallas mínimas y permisos en Corrientes, y finalmente llega a Entre Ríos, donde puede encontrarse con cupos comerciales liberados. Su probabilidad de supervivencia depende del tramo administrativo en el que le toque estar.
El destino legal de un pez
La reunión de Concordia terminó sin fechas concretas ni frecuencia definida para los próximos operativos. Quedó una dirección: más presencia sobre el agua, mejor coordinación entre organismos.
Vázquez y los guías se llevaron la impresión de que "la reunión fue muy buena". Zárate se llevó la convicción de que "hace falta más presencia en el río". La senadora Cozzi lo enmarcó como respuesta a una situación que, según dijo, se arrastra desde hace años y tiene que ver con "una actividad pesquera que no está bien organizada".
Pero sobre el agua, la fragmentación de las reglas sigue intacta. Brasil veda en la cuenca alta. Misiones acompaña con una veda total en su margen. Corrientes administra con precisión de especie por especie. Entre Ríos libera cupos comerciales mientras pide más patrullaje. Un dorado que termina su veda en Brasil y baja hacia el tramo compartido se encuentra con la veda de la CARU. Un surubí protegido durante cuatro meses en Misiones puede enfrentar una presión completamente distinta al cruzar a Entre Ríos.
El río Uruguay no se detiene ante las fronteras. Los peces tampoco. Las reuniones de coordinación se hicieron, el consenso sobre el control tiene dirección, pero las reglas mismas siguen cada una por su lado.

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